http://www.aproba.org.ar/archivos/B._Vian_Cuentos.pdf
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LA MULTIPROCESADORA DE VIAN
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MORIR AFUERA SIGUE GIRANDO...
Cada libro, cada objeto, tiene una historia propia. Ésta que cuenta Pablo es la de uno de los libros que se llevó en su bolso:
Poesía Acuática de Cecilia Vázquez Dusefante
"Qué hermoso es el instante previo
a que suceda algo nuevo aprendido ayer!"
Melodías del Futuro – Agua de mar
Poesía Acuática
Poesía Acuática
Hay casualidades que una no sabe a quién agradecerle. Hace un mes nos mudamos de casa, de barrio no, porque para mí Barceloneta es el barrio más lindo de Barcelona. Es cierto que en otros barrios están los edificios modernistas más sofisticados, las ruinas romanas, las tiendas de tendencias, las marcas de moda, los cementerios, los museos y los cines, pero en Barceloneta tenemos el mar. Hace una semana mi amigo Pablo me contó que vendría Cecilia, una amiga suya de Argentina, a trabajar en el hospital de Sant Pau, que dicho sea de paso está muy perjudicado por los recortes presupuestarios de salud; este fin de año los trabajadores lo tuvieron que celebrar con una acampada que probablemente vuelva a instalarse en el hall principal.
Cecilia vino para continuar con su especialización en neurología infantil. Se va a quedar, en principio, hasta junio y, por una de esas casualidades que decía al comienzo, resultó ser que el piso que le prestaron para vivir queda en la misma calle donde estamos viviendo con Gaby desde hace un mes.
El domingo pasado quedamos con mi nueva vecina para que le muestre un poco el barrio; las tiendas donde no te matan con el precio turista; la biblioteca, donde se puede cazar señal de internet; las piscinas; el luthier, porque Cecilia necesita averiguar por el alquiler de un chelo para poder tocar durante los seis meses que dura su residencia (traerse su instrumento desde Argentina era una cosa de locos). Lo que sí se trajo Cecilia desde allá fue su libro Poesía Acuática que el año pasado editó la editorial Eloisa Cartonera.
Para los que no sepan de qué va Eloisa Cartonera, es una editorial que arrancó más o menos a principios de siglo, cuando en Argentina estallaba la crisis que ahora tenemos acá. Fue una época en que comenzaba a verse cada vez más gente juntando cartón para revender. Los libros de Eloisa Cartonera están hechos con cartón reciclado y cada tapa está pintada a mano por un chico cartonero.
Cecilia me regaló un ejemplar de su libro, y no sé quién habrá sido el pibe que lo armó, pero se nota que está hecho con amor, no existe otro igual. Esta cualidad no sólo se transmite en la tapa, sino que la biografía que escribió Malena Lenta y el prólogo de José Castillo también reflejan el cuidado cariñoso que implica una amistad, esa unión que posibilita hacer obras y momentos hermosos. Cecilia es médica y poeta, trabaja en los hospitales haciendo operaciones de cerebro a niños, de ellas depende que sigan vivos, riendo y hablando, muchos de los pacientes continúan haciéndolo con un lóbulo extirpado. Durante las noches de guardia ella espera a que lleguen los casos de urgencia escribiendo poesías en los ratos libres, muchas de esas poesías están en este libro.
Poesía acuática es un poemario dividido en cuatro secciones, cada una está identificada con un tipo de agua: de río, de mar, de espejo y de lluvia. Muchos hablan del amor a los amigos, a las mujeres, a los viajes, a las palabras y sobre todos vuela el deseo de cambiar este mundo machacado por individualistas y maltratadores, festejando la suerte de estar viva.
Aquí les dejamos el PDF del libro.
Y éstas son "Palabras prestadas", un trabajo sonoro sobre uno de los poemas que hizo Diego Scibona en El Proletaradio.
Vida: Keith Richards
Cómo llega- Me lo regala Mónica para un cumpleaños, hace año y medio, junto a una botella de Glen Ness de 12 años. Quién sabe porqué tardamos tanto en agarrar ciertos libros. A éste empecé a leerlo hace un mes. Tiene 504 páginas. No es portátil, hay que leerlo en casa. Pero en un patio o en un balcón. Hay lecturas para el calor y lecturas para el frío.
De qué va- El trabajo de James Fox, el periodista encargado de escribirlo, es buenísimo. Trabajaron en estas memorias durante cinco años. Fueron un número indeterminado de charlas sujetas a los caprichos de Richards, en los días y a las horas que se le antojara, sin orden cronológico y con música a buen volumen. El resto salió de cartas, diarios y de los testimonios de otros compañeros de ruta. No participan los personajes peor tratados: Jagger, Anita Pallenberg, Mick Taylor, Bill Wyman. Ni tampoco cuenta con el testimonio directo del resto de los Rollings Stone. “Lo intenté -dice Fox-, pero hay una especie de tradición entre ellos de no contar nada en los libros de los demás”. Su talento, en cualquier caso, consiste en darle consistencia a una historia dispersa y conservar la calidez de la voz de Richards, mérito que comparte con Helena Álvarez de la Miyar, la traductora de la edición española. Los pasajes más conmovedores corresponden al Richards desconocido. El período de aprendizaje del blues, la primera visita a Estados Unidos, el desconcierto al encontrarse a su ídolo Muddy Waters pintando las paredes de su discográfica. Gran parte de esa inocencia se pierde cuando comienza a emerger la estrella de rock y los puteríos están a la orden del día. Brian Jones se vuelve un lastre. Jagger quiere adueñarse del grupo y Richards se burla de sus pretensiones discotequeras. Hay cuernos cruzados por cada banda. Cocaína farmacéutica Merck, diez años de heroína y un largo etcétera. Pero el libro engancha y mantiene el equilibrio: se narran las hazañas de Richards, incluidas las cagadas, y también examina el proceso de creación, la intimidad del trabajo grupal y su pasión por la música.
Memoria- Promediando las últimas 50 páginas del libro me llama mi amigo Fito. Charlamos, le recomiendo la lectura de la biografía y le comento el asombro que provoca la memoria del viejo: después de meterse tanta cosa es por lo menos llamativo que haya conservado tal cantidad de anécdotas y detalles. Fito también se asombra. Un día antes, me cuenta, lo había visto en una entrevista declarando que se estaba olvidando algunas viejas canciones de los Stone. A mitad de tema, no se sabía el estribillo. Pero son muchos años de ruta, arguye Richards, los dedos están automatizados y van solos. Tiene que poner la mente en blanco y dejarlos actuar. Recibir la noticia fue un descoloque. El futuro en general parece un descoloque. Y esto de cumplir años tendrá sus consecuencias, ¿no?

