APERITIVOS (AVANCES DE LA NOVELA)



Ella era el caos y la locura. Ella era fundamentalmente nociva. Ella era el egoísmo con faldas, la incomprensión hecha carne. Ella era su madre. Aunque Emilio había envejecido antes que ella (los estragos que el terror le había grabado en la piel y las canas se remitían a la edad de cinco años, veinticuatro horas antes del primer día de escuela), ahora que la miraba de frente se le ocurría que el tiempo había elegido el rostro de Yannessa como campo de batalla, porque más que su madre parecía su momia. En cambio el cuerpo permanecía flexible, entrenado, disimulando la torpeza como de costumbre, el mismo olor de mamífero suave. El hizo (Dios sabe que lo intentó) todo lo que estuvo a su alcance para no mirarla, para no caer en las exigencias de los reclamos hipados, de la voz de Mickey Mouse estrangulada por la amenaza de veinte años de llanto, pero los recuerdos se ensañaron como una ducha de metralla. 

Como una docena de bocas entrenadas para ordeñar un toro - Cap. 53. / 
Morir Afuera. 

This entry was posted on martes, 11 de septiembre de 2012 and is filed under . You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can leave a response.

Leave a Reply