FLIM - Una película de mierda -

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Tres amigos deciden pasar un fin de semana en una casa de campo. El objetivo es rodar una película de terror y consagrarse. Lo que ellos no saben es que pasará lo de siempre: todo se irá a la mierda.
FLIM no ganó el premio a mejor película de habla no inglesa en los Oscars, tampoco ganó el gran premio del jurado en Cannes ni el Globo de oro. Jamás compitió (ni competirá) en los Goya y menos aún en los premios Bafta.
Dentro del marco del MIERDERET LITERARIO, el Colectivo GILLES DE RAI rodó esta película con el único fin de quedar en ridículo delante de la platea pero, en lugar de perder los pocos amigos que tenía, la masa pidió volver a ver esta bazofia.

MORIR AFUERA AHORA TAMBIEN EN LA PLATA

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Empezamos contentos este 2014 con una buena nueva: ahora la novela Morir Afuera está disponible también en la Plata, en Giroloco Libros (Plaza Italia 157). Vayan y vean. Por cualquier consulta, escríbanle a Claudia, nuestra amiga de la foto, responsable ademas de La Diversa Libros. Abrazos para todos.


ORIANA WELLS

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Hubo un tiempo en que la vida de Oriana Wells no encontraba mayores contratiempos que un trabajo monótono, un pequeño grupo de amigas que no lo eran tanto y un batallón de hombres que apenas la miraba. Pese a que estos inconvenientes no eran muy distintos a los de la mayor parte de las chicas de su edad, una tarde de primavera Oriana decidió tirarse de cabeza al río.

Aunque vivía cerca del puerto tardó cinco horas en llegar porque no terminaba de encontrar el vestido apropiado. Eran las dos de la madrugada cuando un globo de tela azul-celeste se hundió en el agua y eran las dos y cinco cuando Oriana se sintió estúpida en compañía de las algas y los peces muertos, pero como se imaginaba terminada no buscó la manera de salir a la superficie. De todas maneras, con poco esfuerzo, la corriente la expulsó a la orilla. No se encontraba en un sitio profundo y el único que corrió a su encuentro fue un perro mojado que la tironeó del vestido hasta la zona en que la arena se mantenía seca.

Había tragado bastante agua podrida, pero como no había llegado a ahogarse ni a perder el conocimiento, comprobó que estaba hecha un desastre con el vestido mugroso y el pelo pegoteado de las porquerías que flotan en el río. El perro era negro, de pelo corto y cuando la vio incorporase empezó a correr por la playa y se perdió en la oscuridad. Oriana volvió caminando despacio a su casa con los zapatos en la mano, pensando que hubiese sido más acertado saltar por la terraza de la fábrica de caramelos donde trabajaba; suponía que los siete pisos de altura no dejarían margen de error.

A la mañana siguiente tenía el estómago revuelto, volvió a elegir la ropa y salió más temprano que lo habitual. Su plan era llegar primero que sus compañeras de planta, con las que acostumbraba a desayunar antes de empezar el turno, y subir hasta el último piso. Pero cuando llegó el autobús y se sentó en el anteúltimo asiento de la derecha un hombre de corbata morada, camisa verde y traje gris de rayas blancas se presentó como Luppo, le dio la mano con vehemencia aunque sin dañarla y le pidió que esa noche aplazara su paseo por el río para tomar un café con él.

En otro momento, con la descompostura que sentía, hubiese desechado la invitación sin molestarse en contestar, pero la certidumbre que el desconocido mostraba, en lugar de asustarla, le hizo posponer su suicidio para el día siguiente. Convinieron en encontrase, a las ocho, en el bar Miraggio, que quedaba a dos calles de su casa, pero al que Oriana nunca iba porque tenía reputación de tugurio.

Llegó con un retraso de diez minutos, porque en su casa se había demorado junto a la sexta taza de té del día, dudando si acudir al encuentro con dolor de estómago; pero se obligó a ir de todas maneras porque sino el aplazo de su proyecto no hubiese tenido sentido. Desde la acera pudo distinguir a través de la ventana la manga rayada del traje, la mano izquierda tamborileando un ritmo sobre la mesa y la derecha sosteniendo el diario que le tapaba la cara. Lo encontró leyendo la página de policiales, cuando la miró Oriana pudo percibir que, detrás de la sonrisa de bienvenida, los ojos oscuros del hombre se habían estado riendo o llorando, no podía estar segura.

Antes de preguntarle qué quería tomar pagó el café que estaba tomando aunque el pocillo estaba por la mitad, le pidió disculpas y le dijo que ese todavía no era el sitio que le correspondía a una mujer como ella. Oriana sintió un pinchazo de indignación y le preguntó airada qué quería decir con lo de todavía, pero Luppo pareció no darse por enterado de la estridencia y le respondió con un guiño.

Luego la tomó de la mano y la invitó a caminar; ella estaba tan desconcertada que se dejó llevar, pero a los treinta y dos pasos, en mitad de una frase que perdió el sentido, se desmayó. Al despertarse se encontró tendida en la arena, con el frío de la noche inflándole el vestido mojado y un perro negro olfateándole el pelo.

Se quitó los zapatos y comenzó a caminar por la playa persiguiendo al perro que trotaba delante de ella hacia la costanera. Cuando se le perdió de vista se dio cuenta que, aunque las persianas estaban bajas, en Miraggio había gente, porque desde la calle se escuchaba un acordeón con un fondo de voces que cantaban. Oriana se atrevió a tocar la puerta, le abrió una mujer de pechos amplios, sonrisa luminosa y ojos redondos, con las pupilas dilatadas como dos girasoles. Le miró el vestido embarrado, pero sólo pareció verla al tocarle el pelo sucio con una mano que olía a pan.

- Luppo, te buscan.- gritó la mujer estirando los labios hacia el interior de Miraggio, sin dejar de sonreírle.

El hombre salió a recibirla con los brazos abiertos, no llevaba corbata ni chaqueta, tenía los ojos alegres, con una alegría distinta de la del alcohol, y un vaso de tinto en la mano. La invitó a entrar, le pasó el vaso y la presentó a los que estaban bailando alrededor de una nena vestida de rosa, con flores en el pelo, que tocaba el acordeón subida a dos sillas.

-Famiglia: Esta es Oriana, que se muere por conocer las alturas.

Todos se rieron y siguieron bailando, la mujer que le había abierto la puerta los abrazó y les deseo felicidades y ellos subieron por una escalera de madera hasta la terraza del bar. Desde ahí se podía ver el faro que balanceaba el haz de luz sobre los techos de chapas; el agua colorada lamía los cascos carcomidos de los barcos que atracaban y tiraban amarras. El frío no se sentía, aunque soplaba una brisa con la fuerza suficiente como para alejar de las estrellas los nubarrones hinchados de la tormenta, fue entonces cuando la luna se descubrió redonda, como una gota de leche espesa.

Así se les pasó la noche, mirando el cielo y aullándole al viento, y a la mañana siguiente, en el desayuno, cuando sus compañeras le preguntaron por el arañazo que le asomaba debajo del cuello del uniforme, Oriana les contestó que se lo había hecho un perro, jugando a lo bruto.        

                                                                     @nataliatxt

MONA LISA ENCUENTRA A BUDA (SPENCER HOLST)

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La Mona Lisa, embarazada de ocho meses,
se encuentra con Buda en la calle Boquería de Barcelona. 

Allá arriba, en el cielo, las cortinas ondularon, las cortinas ondularon, las cortinas ondularon y Mona Lisa entró por un extremo de una pequeña sala en la que colgaban muchas cortinas.
Allá arriba, en el cielo, las cortinas ondularon, ondularon, ondularon, y el Buda entró en la sala por el otro extremo.
Se sonrieron.
"El idioma de los gatos"

"YO ESCRIBO PARA MÍ" / EL NUEVO CABARET LITERARIO DE GILLES DE RAI

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Celebremos todos juntos la fiesta de Jánuca en el Cabaret literario "Yo escribo para mí". Viva Jánuca y viva Confuncio.

Vengan, vengan; no se apelotonen en el muro de las lamentaciones, no se arrinconen en sus casas a la espera del señor. No! ofrezcannos sus salmos y sus plegarias, sus textos y sus poemas. Y sus hijas en edad de merecer. Traigan sus folios al Cabaret y pasen, pasen y lean!

Gilles de Rai


SOY LEYENDA

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Paolo Conte “It’s wonderfull, good luck, my baby!”

Hace un mes se jubiló Mercè y ahora tengo mucho más trabajo que antes, porque no piensan contratar a nadie en su lugar. Como consecuencia de la última reforma laboral, Mercè es una de las últimas personas que aún se puede jubilar antes de los sesenta y siete años. Mercè es leyenda. Entre un montón de cosas que contaba, la que más me hizo reír es la historia del concierto de los Beatles al que fue a los catorce años, cuando ellos vinieron de gira a Barcelona, todavía se acuerda de los gritos; bueno, de los gritos y nada más, porque dice que estaban todas tan excitadas que no se escuchaba otra cosa que los alaridos de las adolescentes.

Qué grande que es Mercè. Me enseñó catalán y me enseñó a hacer el trabajo que tengo que hacer ahora, además del que hacía antes.

Todos los días, a las dos, ella se iba al comedor con la fiambrera que le preparaba el marido, que ya estaba prejubilado hacía unos años. En el reparto de tareas domésticas, él se encarga, entre otras cosas, de ayudar a la hija con los nietos y de hacer la comida. Le preparaba primer plato, segundo, postre y una nuez, todo balanceado, nutritivo y muy sabroso.

Ahora que tienen más tiempo para ellos comen juntos y van al gimnasio. Todos los años hacen un “viatget”. Para celebrar la jubilación se fueron con una pareja amiga a Viena y volvió contentísima. Fue a un par de conciertos de música clásica que le apasiona, caminó mucho y le encantó, aunque pasó frío. Nada raro en ella que se la pasaba discutiendo con Xavi, el conserje, para subir la temperatura del aire acondicionado. Era parte de la rutina diaria, ahora se extrañan esas discusiones que terminaban siendo bromas para pasar el rato. Otra de las rutinas que se daban una vez por semana era cuando decía: “¿tenemos cine?”, y el vigilante, ella y yo nos contábamos las películas que habíamos visto esa semana. Ahora con el vigilante lo seguimos haciendo, y es nuestra manera de acordarnos de ella.

Se nota mucho que ya no la tenemos dando vueltas entre nosotras, siempre inquieta, hablando con todo el mundo, riéndose y quejándose por igual, moviéndose de un lado a otro y diciendo “me voy a dar un garbeo” cuando se iba a buscar papeles por las otras oficinas. Ahora nos comunicamos por whatsapp, me escribe preguntándome por mi embarazo y por las compañeras. Dice que nos extraña a nosotras, al trabajo para nada, que le parece que ahora está más ocupada que antes.

Cuando le hicimos la despedida se emocionó mucho, brindamos con un pica-pica que le preparamos, le dimos una tarjeta gigante con la firma de todas y la foto de Audery Hepburn, que es su ídola de la juventud, además de unos regalos que compramos con la colecta que juntamos entre las trabajadoras de la empresa.

Decía que se sentía muy querida y que haber pasado la vida trabajando había valido la pena por esa fiesta. Se despidió en catalán, diciendo “vayan al cine, vayan al teatro, a conciertos, lean libros de papel, cuiden la cultura, que es lo que nos hace mejores”. Ojalá yo llegue a su edad con la salud igual que ella, la voy a necesitar, porque si seguimos así ya no sé cuándo me voy a poder jubilar.

@nataliatxt

TANGOS DE LA CAVA EN TRIANA

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Estos últimos días llegan noticias de persecución a la comunidad gitana en toda Europa. Ellos en cambio nos vienen contando esta historia.

34 ASES EN EL BOLSILLO

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Un lapso importante del 2002 lo pasé haciendo de público y figurante en distintos canales de Madrid. Era el trabajo de muchos inmigrantes indocumentados o más o menos recién llegados. Casi todo era en negro, tomaban a cualquiera, ni siquiera te pedían que hables castellano, aunque poca cosa era lo que pagaban y las horas se acumulaban esperando, el trabajo consistía más que nada en eso.

 El público español se dividía en dos clases. Las señoras que lo hacían por afición, y los que no encontraban nada mejor para hacer: gente que boyaba matando tiempo, pero con planes descomunales en el bolsillo interno de la americana. Algunos inmigrantes en ese sentido nos parecíamos bastante. Europeos de afuera sólo había de Europa del este, después éramos latinoamericanos, africanos, algunos asiáticos.

 Yo pertenecía al grupo de Paquita, una señora de sesenta años que era a quien tenías que llamar para que te incluyera en la lista de los programas, y la encargada de arrear a su multicultural ganado en las instalaciones de las antenas, y a la que le tenías que caer bien. Paquita trabajaba para una empresa de representaciones artísticas, contratada a su vez por las productoras y las cadenas de televisión. Y aunque había otros grupos, liderados por otras señoras, no estaba bien visto pasar de una señora a otra; para ser favorecido había que demostrar predisposición y exclusividad.

 Por un programa de Antena 3, pagaban entre 10 y 15 euros, y entre que te citaban en la plaza de Aluche, te hacían subir al colectivo de larga distancia, y te llevaban a las afueras donde estaban los estudios, ahí nomás se te iban 2 horas; después un par más esperando ya escaneados y dentro del edificio, pero todavía fuera del estudio. Nos llevaban con esta antelación por cualquier imprevisto que pudiera surgir, que se quedara el colectivo en la autopista, por ejemplo, y tuvieran que mandar otro para traernos a tiempo. Después, una vez en el estudio, lo mejor era buscar el fondo de las plateas, los lugares menos visibles para poder charlar sin ser molestado (como en la escuela), y aplaudir cuando los demás aplaudían. Esto último en poco tiempo se vuelve un gesto automático y me permite contar lo que me pasó por entonces en un cine que se llama Doré.

 Pasaban la adaptación que hizo John Huston de Los muertos, el cuento de Joyce. La película transcurría en una fiesta con gente de pasta a principios del 1900 (creo), y en una escena una muchachita toca para los invitados el piano de la sala, y no puedo decir que tocara bien, ni tampoco lo contrario, pero sí que aplaudí espontáneamente al término del tema unido al festejo de los actores en la pantalla. Lo reprimí al momento, claro, pero sigamos con la televisión y sus largas jornadas de 10 horas.

 Las figuraciones eran lo que mejor se pagaba, pasar caminando por el fondo de un decorado de oficina llevando unos papeles, sentarte a conversar en la mesa de un café sin emitir sonido, gesticulando con las manos, hacer la escenografía humana que da contexto a la escena. Y siempre te daban de comer. Como público te las tenías que arreglar sentado en el suelo, con un bocata gomoso de fiambre incierto y una botellita de agua o gaseosa, mientras que en las figuraciones comías de verdad, te daban lo mismo que a los técnicos y compartías las mesas en el buffet del canal.

 En estos ámbitos, claro, el protagonismo se paga y esta lógica, aunque atenuada, llegaba a la periferia donde nosotros nos movíamos: existían cual perlas figuraciones protagónicas, aunque era difícil que te tocaran. Yo hice tres de esas, dos en realidad, más una intervención dramática, ya como actor a mi entender.

 Las dos primeras las hice para Antena 3, para un programa que se llamaba Alerta 112, que se emitía los viernes de 10 a 11 de la noche y se dedicaba a reconstruir los crímenes relevantes de la semana. Primero hice de un turco celoso que acuchilla a su mujer, y después de un ladrón que se escapa de la cárcel, de Carabanchel (creo), escondido en un container de basura. Mientras hacía de turco y discutía con mi mujer, el cameraman nos pedía más realismo, que gritemos, y nosotros nos gritábamos, pero cualquier cosa, porque las imágenes se editaban sin sonido y una cortina de música y efectos sonoros hacía de fondo a la voz narradora. 60 euros cada una, una joya.

 El tercer hito de mi carrera, el gran protagónico, me dejó poco más de la mitad, 34 euros. Fue en el canal 7 (creo), un canal chico. Como público te pagaban 8 euros, pero era el más expeditivo. No estaba tan lejos como para que no pudieras ir directamente en metro y en un par de horas ya estabas afuera.

En honor a la verdad tengo que decir que no fui “el” protagonista de esta historia, digamos que éramos tres, pero el que más estaba era yo.

 El programa se llamaba “La hora de Leticia” (creo) y lo conducía una tal Leticia (Sabater) haciendo sus primeros escarceos con la cámara. Las historias que se contaban eran del tipo “descubrí a mi marido en la cama con el foxterrier de mi vecina” o “mi mujer se acuesta con mi madre, a mi espalda”.

 El estudio, de unos 13 metros por 10, tenía una banqueta principal, alta, tipo barra de bar, donde se sentaba Leticia; a ambos lados había dos hileras de sillas que la tenían como vértice, donde se sentaban los invitados; y detrás, paralelas a las sillas, las plateas donde entraban unas 15 personas por lado. A la izquierda de Leticia, pero un poco más atrás, estaba El Experto, que es un tipo parecido al de Las puertitas de señor López (es decir, un tipo con anteojos, petiso, pelado y medio panzón), pero con aplomo y simpatía, que era el encargado de dar el cierre para cada historia dejándonos una enseñanza y una moraleja psicológica. Y a la derecha estaba el segurata cruzado de brazos, un placard de dos metros de ancho anabólicamente pichicateado, que no pasaba los veinticinco años de edad.

 Esa figuración (aunque no lo era en sentido estricto, así se le llama en el ambiente no por el trabajo en sí sino por el tenor de la paga), esa figuración decía, cayó de regalo, porque ese día yo había ido como público, pero los que tenían que actuar resultaron menores de edad, no los podían usar, y Paquita nos ofreció, a una brasilera que se llamaba Karina, a Gonzalo, otro argentino que ya conocía de La Plata, y a mí, si nos animábamos a hacerlo. Preguntamos cuanto pagaban, nos dijo que 34 y nosotros, que pensábamos llevarnos 8 aplaudiendo, pasamos a una salita donde nos dieron el guión que trazaba las gruesas líneas argumentales sobre las que teníamos que improvisar. La cosa era más o menos así.

 Mi personaje salía en un tiempo con Karina, pero yo que era un tipo nervioso y difícil de llevar, y la relación por sí misma, o por esas cosas de la vida, pasó que Karina me mandó a freír churros y yo no pude sobrellevar sanamente la ruptura. Enfermo y me encierran en un loquero. Pero ¿qué pasa? Estando ahí me entero de que Karina empieza a salir con otro (el caracterizado por Gonzalo) y para mí es demasiado, no puedo soportarlo y me escapo del loquero. Comienza el acoso. Busco a Karina y me manda al diablo. Le pago a un travesti para que golpee la puerta de Karina y le diga que es la verdadera novia de Gonzalo. Le corto los frenos al coche de Gonzalo. Les mando una torta envenenada en su cumpleaños, pero mis planes siempre se ven contrariados por una cosa o por otra y ellos, la parejita feliz, está cada vez más unida. Finalmente se van a casar este domingo (la emisión del programa es el viernes), pero yo traigo un as en la manga.

 Pasamos a otra salita donde nos empolvaron la cara para que no nos brille y al rato ya estamos por entrar al estudio. Leticia me presenta y me invita a pasar.

 Quiero aclarar que nunca fui a hacer teatro ni me interesó en la vida y este era el caso del 95 por ciento de los que trabajábamos en este escalafón. Así y todo, compuse mi personaje y le agregué un tic, una guiñada insidiosa con un ritmo que variaba al margen de la circunstancias de la charla.

Leticia, corresponde mencionarlo, se manejó con gran profesionalidad, te orientaba y te ayudaba en la improvisación, y resultó tener muchísimo humor, esto lo veías en las tandas, cuando la cámara no filmaba (se llevaba muy bien con la tercera edad, se hacían chistes tirando a siniestros).

 Las historias de vida que se contaban con Leticia, como ya se sugirió, eran muy tiradas de los pelos, y a eso tenías que sumarle que los figurantes se repitieran en lapsos relativamente breves, cosa que hacía que te encontraras con un mecánico impotente que intentaba seducir a su cuñada, y al mes, veías a un empresario de las islas baleares, cornudo en alguna situación insólita, con la misma cara del mecánico e idéntica fisonomía. Era un descojone, para decirlo en términos que mejor le van. Mientras un personaje femenino medio libertino era entrevistado por Leticia, los camarógrafos primero y los de la platea después le gritaban zorra, mala pécora, eres una guarra. Esto era estimulado por la producción, hacía a la atmósfera del programa. Pero sigamos con mi historia.

 Leticia me presenta y entro mientras la platea me aplaude, por respeto más que nada, y ahí empiezo con mi historia, sin conflictos de conciencia, contándolo todo. En esta primera parte entra el llamado telefónico de un supuesto televidente, un señor escandalizado con mis psicopatías con el que discuto y trato de viejo choto, y él que los argentinos son todos unos delincuentes y ahí Leticia entró y a otra cosa. En el segundo bloque entra Karina y cuenta la historia desde su lugar y finalmente Gonzalo hace lo propio.

 Cada tanto nos insultamos, nos paramos, nos empujamos, esto no puede faltar y va in crescendo. Hasta que saco el as de mi manga y el guión indica: SE ARMA EL FOLLÓN! La sangre en la arena, lo que el público esta esperando (vi buenas peleas en este programa, que te dejaban dudando). Difícil el papel del segurata, quién debía representarse inepto y natural, sin estorbar la evolución de los sucesivos accesos de violencia que surgían entre los entrevistados.

 Los encontronazos que teníamos con Gonzalo eran cortas escaramuzas. Te empujabas un poco, pero quedarse en eso resultaba ridículo si tenías que seguir hablando, así que hacías como que te controlabas y te volvías a sentar. Pero en una de estas le amago a Gonzalo y voy a retroceder para volver a mi silla (lo que ahora que lo pienso es ridículo igual), y al hacerlo siento la mano del segurata en la espalda que, disimulando, me lleva hacia delante para que siga la bronca un poco más.

 Y llegó el momento. Yo lo había intentado todo y nada me había servido. Ellos se casaban nomás. Pero no no no, pensé para adentro, y me reí sin olvidar el tic antes de mostrar el as en la manga:

Había estado en la iglesia donde se iban a casar.

 Y no se van a casar un carajo ustedes, les dije. Estuve con el cura y le conté de tu papá, Karina, le dije que era marxista, ¿no?, y claro, que no creía en Dios y hablaba pestes de la virgen, y bueno, imaginate, ni en pedo los va casar ahora.

 Y yo me río, soy el hijo de puta más feliz de la ciudad, y Gonzalo salta para atacarme con la sangre en el ojo y nos caemos arriba de la gente de la platea, rodamos por el suelo, él intenta acogotarme, yo lo empujo y se cae sobre la otra platea, y estamos así un rato hasta que el segurata me saca del estudio.

El programa duraba una hora y contaba tres historia diarias, o sea que cada una duraba 20 minutos, lo que duró la nuestra.

 Al rato ya estábamos en la calle con los 34 euros en el bolsillo. No eran las siete de la tarde, todavía había un par de horas más de luz, y nos fuimos a Lavapies a tomar unas cañas y a despedirnos un rato del anonimato.

Alejandro Dato

VUELVEN LOS CABARETS LITERARIOS DE GILLES DE RAI

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¡Eh, tú!

Que comienza la segunda temporada de los cabarets literarios del Colectivo Gilles de Rai.
Teniendo cada día más claro que la solemnidad solo amansa a las fieras, esta generación Beat sin carnet de conducir vuelve con ganas, con fuerza y algún que otro bronceado mal puesto.
Te esperamos el jueves 17 de octubre en RAI-Art, la casa que nos vio nacer, que nos ve crecer y que te invita a reencontrarnos de nuevo.

En breve desvelaremos el cartel con los escritores invitados. Mientras, puedes ir desempolvando tus textos y afilando tu ánimo para subir a leer en la jam literaria de después.

¿Que te lo recuerde? Venga.
Cuándo: jueves 17 de octubre a las 21:00.
Dónde: RAI-Art (C/ Carders, 12, principal). Metro Jaume I.



COMO SE PEINA UNA ASTRONAUTA

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Karen Nyberg, astronauta de la NASA,  a la fecha todavía orbitando en el espacio exterior, nos muestra cómo se lavan el pelo los astronautas de hoy.  



Karen Nyberg en twitter: @AstrokarenN
En Facebook: https://www.facebook.com/AstronautKarenNyberg


UKE

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Hace unos años compré un ukelele precioso en la tienda de música que había justo al lado de donde vivía entonces. Era un regalo de navidad muy bien intencionado para una persona muy querida, pero con la ayuda del tiempo, más una curiosa habilidad de mi parte, el regalo quedó en mi poder y, con él, unas ganas dolorosas de querer tocarlo y no saber cómo. Intentando aprender, busqué información en internet y di con una página maravillosa en la que muchísimos ukelelistas subían sus videos. Eran personas mayormente encantadoras, tocaban al aire libre, a veces en museos raros, o en la intimidad de sus casas. Había pequeñas joyas, standars de jazz de toda la vida, antigüedades rescatadas del folk norteamericano, composiciones personales y versiones de los temas pop más bizarros.

Todos los ukelelistas compartían una sonrisa muy graciosa y mucha, mucha onda; mi preferido era un señor con barriga y anteojos negros. Parecía el hombre más feliz del mundo y sabía transmitirlo. En las canciones más evocadoras pelaba unos tonos melancólicos que te alzaban los pelitos de la nuca, y la fragilidad del tiempo parecía más llevadera, compartida con esa especie de genio dulce y virtuoso. Porque eso también lo recuerdo, su técnica con el ukelele era inimitable, sobre todo para una principiante que apenas sabía poner los dedos sobre las cuerdas, y a eso se agregaba una voz cálida e hipnótica que invitaba a cantar y dejar para otro día las dificultades de seguir el baile de sus dedos.

Durante aquella primavera me la pasé entrando a la página para ver si podía progresar en mi aprendizaje, pero me quedaba escuchando a mi ídolo una y otra vez, prefiriendo mil veces sus canciones a mi dificultad para afinar al pobre uke. Exámenes, actividades y trabajo me alejaron del instrumento y quedó colgado detrás de la puerta. Igual suerte tuvo la página de los ukelelistas, que desapareció de la red. Hace unas semanas, Zoila, mi amiga y profe de música, me enseñó en dos horas cinco acordes que comenzaron a resolver el inconveniente que me tenía tan desanimada cada vez que quería acompañarme.

Pero cuando fui a buscar la página de los ukelelistas, no hubo manera de encontrarla y para colmo también me  había olvidado el nombre del artista que me había gustado tanto. Hasta que al fin, entre los fanáticos del instrumento, alguien lo mencionó junto a la canción que yo más recordaba y encontré su página, donde colgó muchísimas canciones. Es una suerte de proyecto en el que el autor: PATSY MONTELEONE, colgó sus versiones y una explicación detallada de la historia de cada canción, aquí va el enlace para que no se pierda nunca más.

Concierto solidario por Ester Quintana, víctima de la represión policial

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El 14 de noviembre de 2012, en la manifestación de apoyo a la huelga general, Ester Quintana perdió un ojo por una bala de goma disparada por los mossos de escuadra. Este concierto busca recaudar fondos para que Ester pueda cubrir costos médicos y legales.



HASTA PRONTO - DIEGO "EL CIGALA" EN BARCELONA

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Este verano fuimos con Gaby y la bebé que llevo adentro al concierto de Diego “el Cigala”, en el festival del Grec. Hace unos años habíamos visto a Vinicio Capossella en ese anfiteatro de estilo griego y por eso sabía que allí, los espectáculos se benefician de un extra natural al desarrollarse en la cima del Montjuic, una montaña pequeña, con la vegetación boscosa y la noche cálida envolviendo unas gradas de piedra, desde donde se ve la ciudad de Barcelona brillando incesante a lo lejos.

Esta vez el encanto volvió a repetirse pero con ritmos distintos. Fue otra de las noches en que los contemporáneos pudimos convocar al viejo espíritu del teatro de Delfos que moraba en el Templo de Apolo. Cuenta la Historia que los griegos de entonces escudriñaban el destino mediante sacerdotes que buscaban conectarse con las divinidades de las fuerzas misteriosas y dominantes de la naturaleza, a través de la representación. Parece ser que los griegos de este siglo han perdido la costumbre de consultar el oráculo; o quizás fueron los dioses mismos quienes los traicionaron con el caballo de Troya de la Troikaque les impuso una deuda externa fraudulenta. Mientras tanto, a miles de años de aquellos ritos, y tan metidos como los griegos en la misma estafa global, aquí estábamos nosotros tres, pequeñitos y expectantes como los antiguos. Por una suerte de regalo del verano, pudimos ser testigos del momento en que los dioses del tango y el flamenco se abrazaron a este lado del Mediterráneo, como dos viejos amigos que se encuentran después de años de exilio, desplazamientos y aventuras. 
 
Para completar la perfección de una noche calurosa el concierto comenzó con lluvia, así que los organizadores armaron un escenario con unas tiendas blancas tipo jaimas del desierto. Pero la gente comenzó a quejarse con chiflidos y voces porque no veía el espectáculo y al cabo de un par de canciones, cuando menguó el chaparrón, las retiraron unos chicos que involuntariamente hicieron un pequeño número de clown, que desató una risa guasona entre el público y el Cigala.

Y esa complicidad fue creciendo al punto de encontrarnos con las lágrimas del cantante al recordar a su amigo Bebo Valdés, con quien había compartido escenario la última vez que vino a Barcelona a presentar aquel disco precioso llamado “Lágrimas negras. Un disco que para mí está asociado al día en que Juan y Ana, los dos peluqueros andaluces de la calle Ample, me lavaron y cortaron el pelo cantando y silbando todas las canciones que componen aquella joya clásica. En el concierto Diego también recordó a otros ausentes como el Polaco Goyeneche y luego dedicó una parte bastante floja, a mi gusto, para Mercedes Sosa, que a fuerza de haber machacado de cansancio mi niñez no me gusta nada. Pero resulta que a la gente de aquí les encanta Mercedes Sosa, un amor raro, como el que le tienen a dos machistas asquerosos como Federico Luppi o Andrés Calamaro. Bueno, amor raro pero  bienvenido, ya que la consecuencia es este misterioso cariño que nos tienen a priori tantos catalanes y españoles a los argentinos. ¡Gracias Messi!

Entre tangos y fandangos, boleros, alegrías, soleades, bulerías y la infinidad que entra en el flamenco, los músicos se alternaban con entradas y salidas del escenario y Diego bajaba para abrazar a sus hijos que lo miraban junto a su madre. Uno de los momentos más bonitos fue la versión que hicieron de “Cómo el agua”, del gigantesco Camarón,  cuando perceptiblemente mi bebé bailaba en la panza porque “mi cuerpo alegre camina porque de ti lleva la ilusión”. Y con esa ilusión bajamos caminando la montaña hasta el mar donde termina Barcelona y se encuentra nuestra casa.


 Al día siguiente mis compañeras de trabajo me contaron que el talentoso flamenco tendrá que emigrar a otro país porque aquí la gente se ha quedado sin dinero para llenar los teatros. Espero que le vaya muy bien en Centroamérica, pero también espero que vuelva pronto. Eres muy grande y muy humilde,  Cigala, que se vayan Merkel, Rajoy y los suyos, no tú.      


CONVOCATORIA ABIERTA PARA EL Nº2 DE "ANTES TODO ESTO ERA CAMPO"

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El COLECTIVO GILLES DE RAI se enorgullece en comunicar que la revista literaria ANTES TODO ESTO ERA CAMPO ya va camino del segundo número. Abrimos compuertas, soltamos escotillas, invitamos a todo escritor, ilustrador (y editor, por qué no?) a enviarnos sus trabajos.
Para más información, escríbenos a GILSDERAI@GMAIL.COM
Tienes tiempo hasta el 13 de OCTUBRE!!!

Gilles de Rai



EL GUARDIÁN DEL HIELO (JOSÉ WATANABE)

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Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo
que corría tras los pájaros huidos del fuego
de la zafra.
También coincidió el sol.
En esa situación cómo negarse a un favor llano:
el heladero me pidió cuidar su efímero hielo.

Oh cuidar lo fugaz bajo el sol…

El hielo empezó a derretirse
bajo mi sombra, tan desesperada
como inútil.
                  Diluyéndose
dibujaba seres esbeltos y primordiales
que sólo un instante tenían firmeza de cristal de cuarzo
y enseguida eran formas puras
como de montaña o planeta
que se devasta.

No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol.
Y así aprendí, en su ardiente y perverso reino,
a cumplir con la vida:
yo soy el guardián del hielo.